Hay conversaciones que duran unos minutos.
Y hay otras que duran toda una vida.
La mía comenzó hace más de treinta años, cuando tenía aproximadamente dieciocho años.
Mi padre, el Dr. Fernando Sánchez, médico de profesión y un hombre profundamente espiritual, puso en mis manos un libro llamado Conversaciones con Dios.
Con el entusiasmo de quien ha descubierto un gran tesoro, intentó compartir conmigo las ideas que había encontrado en sus páginas. Sin embargo, yo no estaba preparada para comprenderlas.
Con una sonrisa me decía:
“Algún día lo entenderás.”
Incluso tiempo después me invitó a ver la película inspirada en la historia de Neale Donald Walsch.
Tampoco era mi momento.
Los años pasaron.
Mi padre falleció.
Durante mucho tiempo pensé que aquella conversación había terminado para siempre.
Hoy sé que no fue así.
Simplemente continuó de otra manera.
Con el paso del tiempo, aquellos libros regresaron a mi vida cuando estaba preparada para recibirlos.
En algunos de los momentos más difíciles de mi camino encontré en ellos mucho más que respuestas.
Encontré paz.
Encontré esperanza.
Encontré una forma distinta de comprender mi relación con Dios, conmigo misma y con los demás.
Comprendí que la espiritualidad no consiste en buscar a Dios fuera de nosotros, sino en recordar que nunca hemos estado separados de Él.
Ese descubrimiento transformó mi vida.
En 2016 comencé a facilitar grupos de lectura de Conversaciones con Dios.
Lo que inició como un pequeño espacio de encuentro fue creciendo hasta convertirse en entrevistas, conversaciones, proyectos audiovisuales y una comunidad cada vez más amplia.
Con el tiempo tuve el privilegio de asumir el servicio como Country Coordinator de Humanity’s Team México, desde donde hoy dedico parte de mi vida a compartir estas enseñanzas con la comunidad hispanohablante.
Cada entrevista, cada taller, cada conversación y cada nuevo proyecto nace del mismo deseo:
Que otras personas puedan descubrir, como yo lo hice, que la vida cambia cuando comenzamos a recordar quiénes somos realmente.
Hace algunos años nació otro sueño.
Quería algún día poder conversar directamente con Neale Donald Walsch.
Por eso decidí comenzar a estudiar inglés.
Cada mañana, antes de iniciar mi jornada, me siento a estudiar con la ilusión de que ese día llegara.
Y la vida, una vez más, me recordó que los sueños encuentran su momento cuando caminamos con paciencia y perseverancia.
Hoy miro hacia atrás y comprendo que todo comenzó con un padre que puso un libro en las manos de su hija.
Él sembró una semilla.
Los años permitieron que germinara.
Y ahora esa conversación continúa en cada persona que llega a esta comunidad.
Porque, al final, creo profundamente que las conversaciones capaces de transformar una vida nunca terminan.
Simplemente encuentran nuevos corazones donde seguir viviendo.